
Franquismo al revés: antes era el español forzoso para todo, y ahora es la lengua local la obligatoria.
Cuando los nacionalistas buscaban parcelita, la palabra bilingüismo era mágica:daban el alma por rotular también en catalán, gallego o vascuence. Ahora proclaman sin disimulo el ideal de una nación monolingüe, aunque no encaje en la realidad de la calle.
Pese a que su mala fe es evidente, aún hay palmeros y cómplices afirmando que eso es progresista; y denunciarlo, resabio imperial;y mientras tanto imbécil-en el más honrado de los casos- mira al tendido o lleva el botijo, cuatro golfos oportunistas han convertido las respectivas lenguas, valiosas herramientas culturales y de comunicación,en filtro sectario para excluir a los no afines y promocionar en el trabajo y la sociedad a su clientela exclusiva.
Marginando la excelencia profesional a favor de la lingüística, como si contara más el idioma que la habilidad de quien opera con un bisturí.
Tal es el sentido de la sobada cohesión social: hablar sólo una lengua propia como
si la común, el español no lo fuese.
En esta canallada política nadie tiene la exclusiva. Los graves cantamañanas del Pepé, reunidos hace mes y pico en San Millán de la Cogolla para proclamar su apoyo a la lengua española, podían haberlo hecho con más eficacia y menos demagogia durante los ocho años que estuvieron en el poder. Entonces, la peña del amigo Ansar tragó de todo. Como tragará en el futuro, por mucho que ahora subscriba el manifiesto de la Lengua Común o el de la Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Lirio.
Por culpa de tanto oportunista, al final siempre terminan vendiéndonos la lengua española como enfrentamiento entre derecha e izquierda; cuando, en realidad, los políticos de derechas tienen tanta desvergüenza como los de izquierdas. Es cosa del puerco y común oficio indecente.
Hay menos injusticia, afirmaba Montaigne, en que te roben en un bosque que en un lugar de asilo. Es más infame que te desvalijen quienes deben protegerte. Pensé en eso oyendo al presidente Zapatero referirse al Manifiesto de la Lengua Común, cuando expresó su esperanza de que "La derecha no se apropie del idioma como hizo con la bandera"
La derecha se apropió de la bandera española porque, desde la Transición, la izquierda se la regaló gratis, negándose a utilizarla hasta veintitantos años después: los mismos que ha tardado el Pesoe en pronunciar la palabra España.
Y a final, entre unos y otros, han conseguido lo mismo que con la bandera. Lo que ya pasa en algunos colegios: que al niño que habla en español lo llamen facha.
En materia de lengua española, los políticos de derechas tienen tanta desvergüenza comolos de izquierdas. Cosa del puerco y común oficio.
En cuanto a los que se llenan la boca de República o Guerra Civil, cuya realidad tanto manipulan, hay que recordarles que la mayor parte de quienes lucharon por esa República no lo hicieron para darles un cortijo con lengua propia a cuatro mangantes, sino para que una España de ciudadanos fuese más culta, libre y solidaria.
Uno comprende que la derecha, con su desvergüenza innata, vaya y venga envuelta en toda clase de farfollas trompeteras.
A fin de cuentas, su discurso es, a escala nacional, el que los nacionalistas mantienen a escala cutre.
Me reafirma la furia de los caciques paletos y los escupitajos de mala fe de quienes tienen la osadía de llamar nostálgicos del franquismo, e incluso extrema derecha -lo han hecho consejerías de cultura autonómicas y miembros del Gobierno a frmantes como Miguel Delibes, Carlos del Pino,José Manuel Sánchez Ron, Luis Mateo Díez, ÁlvaroPamba, Margarita Salas, o yo mismo.

















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