BOUVINES o cuando los europeos no sabían que lo eran
De cómo andaban las trifulcas en la Europa de los años 1.200 entre franceses que aún no eran Francia, ingleses que tampoco aún eran Inglaterra, de germanos que andaban a su aire tratando de simular que eran el imperio de Carlomagno, y el clásico chinchorreo del Papado tratando de añadir riquezas a lo suyo.
La herencia de Enrique II de Inglaterra fue a parar a manos de Ricardo I (Corazón de León), hombre bien capacitado políticamente.
Acompañando a Felipe Augusto de Francia y a los alemanes de Federico Barbarroja en la Tercera Cruzada, dio muestras de extraordinario talento militar.
A su regreso de Tierra Santa fue hecho prisionero por el duque Leopoldo de Austria, circunstancia aprovechada por Felipe de Francia para intentar la conquista de Normandía.
El Capeto francés fue hombre que aprovechó a fondo las contradicciones del mundo angevino ( Los condes de Anjou que habían de dar nombre a la nueva dinastía reinante en Inglaterra desde 1154, pertenecían desde el siglo X al grupo de príncipes feudales franceses que alternativamente se aliaban o se enfrentaban para reforzar su poder en el Norte y Oeste de la Galia ) cuya unidad sólo se mantenía gracias a la pericia de los monarcas ingleses.
Ya en 1186, a la muerte de Godofredo de Bretaña y aprovechando la minoridad de su heredero Arturo, se había erigido con la guarda del ducado de Anjou.
Sin embargo, la liberación de Ricardo en 1194 fue fatal para los intereses de París. El Plantagenet inglés se dispuso a rehacer sus dominios en Francia infligiendo una terrible derrota a Felipe cerca de Freteval (1194).
Por mediación pontificia, ambos rivales llegaron a suscribir una tregua durante la cual Ricardo murió delante del castillo de Chalus en una escaramuza contra un vizconde rebelde.
Sin herederos legítimos, la herencia de Ricardo fue objeto de inmediata disputa. Su hermano Juan (el llamado sin Tierra) no tuvo dificultades para controlar Inglaterra y Normandía; su anciana madre LEONOR seguía como SEÑORA DE AQUITANIA; los barones de Anjou optaron por Arturo de Bretaña.
Todo un lío pero hay que tener en cuenta que ninguno de los señores feudales tenía conciencia de ser francés o inglés.
En julio de 1202, Juan (el inglés) obtuvo sobre sus rivales, atizados por Felipe Augusto ( el francés), un resonante triunfo en Mirabeau con prisión de Arturo (otro inglés de origen francés) incluida.
Perdidos la mayor parte de los apoyos, Poitou, Anjou, Maine y Turena (territorios hoy franceses) escaparon a la autoridad de Juan.
Felipe Augusto aprovechó la oportunidad para, en fulgurante campaña, invadir Normandía y entrar en Rouen (francés contra franceses) el 16 de abril de 1203.
En el frente Sur, la muerte de Leonor de Aquitania desató las ambiciones de Alfonso VIII de Castilla que trató de hacer efectivos los derechos al ducado de su esposa (La Aquitania o actual Iparralde de los nacionalistas vascos) también llamada Leonor y hermana de Juan Sin Tierra (inglés).
En 1205 el Imperio angevino estaba en ruinas. En los meses siguientes, Juan pudo rehacerse parcialmente: el arzobispo de Burdeos organizó la defensa contra los castellanos y el Plantagenet (inglés) lograba recuperar algunas posiciones al suroeste del Poitou: Saintonge, Angulema y Aunis (Francia actual).
A lo largo de los años siguientes, las campañas en Francia se condujeron de forma más relajada. Juan lo aprovechó, sobre todo, para acometer operaciones de castigo en la frontera escocesa, en Irlanda y en Gales.
Un nuevo enfrentamiento con el pontificado provocó una larga crisis que, desde 1213, llevará a una reanudación de las hostilidades.
Un intento de desembarco francés en Inglaterra con el beneplácito pontificio fracasó estrepitosamente. Juan volvió a la sumisión a la Santa Sede, pero el sistema de alianzas se había reavivado tan peligrosamente que la guerra generalizada se hacia inevitable.
En esta fecha los hispanocristianos obtienen la resonante victoria de Las NAVAS DE TOLOSA; y en 1213 el ejercito cruzado de Simón de Montfort derrotaba a Pedro II de Aragón aliado "malgre lui" de los señores filoalbigenses del Mediodía de Francia.
De efectos mucho más inmediatos para Felipe Augusto de Francia lo fue otro éxito militar: la batalla de BOUVINES librada el domingo 27 de julio de 1214.
Bouvines fue el desenlace del largo contencioso mantenido por la realeza Capeto con sus rivales Plantagenet y con sus entonces aliados: los condes de Flandes y Boulogne (Holanda y Bélgica actuales) y el ocupante del trono imperial Otón IV de Brunswick ( germano).
Bouvines suponía el mayor triunfo de los Capeto en el campo de batalla y ratificaba con creces la pequeña victoria que unos meses antes el heredero de la Corona, Luis, había obtenido en el Sur (escaramuza de La Roche-Aux-Moines) sobre un contingente inglés.
Bouvines tuvo otros efectos no menos resonantes.
Para la imagen de la monarquía Capeto se creó el mito de la victoria sobre una feudalidad de fidelidades cambiantes.
Bouvines (y no es poco) había supuesto también la derrota del peligro proveniente del Este, del Imperio Prusiano, por mas que Otón de Brunswick fuera a la sazón un soberano cuestionado en sus derechos por los partidarios del rey Federico de Sicilia, futuro Federico II.
A Juan Sin Tierra (el inglés) no le quedaba en el continente más que algunos restos de la vieja y amplia AQUITANIA. Los territorios del norte de Francia entraban en la órbita Capeto (el francés).
La relación de fuerzas experimentaba una trascendental inversión: desde 1213 el litoral meridional de Inglaterra se hacía vulnerable a los propósitos expansionistas de París.
Felipe Augusto era, así, algo más que el "muñidor de tierras" o el "arquitecto del Estado nacional francés". Una visión muy esquemática ha presentado la historia de Inglaterra y Francia, tras Bouvines, como la de dos países que iniciaron dos trayectorias políticas distintas.
Inglaterra se habría encaminado por la senda de un protoconstitucionalismo.
Francia se habría erigido en una especie de monarquía carismática. De hecho, la estructura de ambos países (y la de los demás del Occidente) presentaba abundantes rasgos comunes: los dos eran monarquías feudales con ciertos elementos calificables de suprafeudales.
Todo esto es una forma de comparar aquella Europa con la España coetánea que solo constaba de tres reynos : Aragón, Castilla y Navarra, que estaban aliadas en contra del moro. Al menos, entonces, los peninsulares ibamos más adelantados que el resto de los señoritos europeos. Y eso a pesar de que Andalucia seguía en manos de los moros.
El que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí merece el Premio a la Constancia.
Que vuesas mercedes me disculpen.
Javier Tellagorri
bouvines europeos no sabian
La herencia de Enrique II de Inglaterra fue a parar a manos de Ricardo I (Corazón de León), hombre bien capacitado políticamente.
Acompañando a Felipe Augusto de Francia y a los alemanes de Federico Barbarroja en la Tercera Cruzada, dio muestras de extraordinario talento militar.
A su regreso de Tierra Santa fue hecho prisionero por el duque Leopoldo de Austria, circunstancia aprovechada por Felipe de Francia para intentar la conquista de Normandía.
El Capeto francés fue hombre que aprovechó a fondo las contradicciones del mundo angevino ( Los condes de Anjou que habían de dar nombre a la nueva dinastía reinante en Inglaterra desde 1154, pertenecían desde el siglo X al grupo de príncipes feudales franceses que alternativamente se aliaban o se enfrentaban para reforzar su poder en el Norte y Oeste de la Galia ) cuya unidad sólo se mantenía gracias a la pericia de los monarcas ingleses.
Ya en 1186, a la muerte de Godofredo de Bretaña y aprovechando la minoridad de su heredero Arturo, se había erigido con la guarda del ducado de Anjou.
Sin embargo, la liberación de Ricardo en 1194 fue fatal para los intereses de París. El Plantagenet inglés se dispuso a rehacer sus dominios en Francia infligiendo una terrible derrota a Felipe cerca de Freteval (1194).
Por mediación pontificia, ambos rivales llegaron a suscribir una tregua durante la cual Ricardo murió delante del castillo de Chalus en una escaramuza contra un vizconde rebelde.
Sin herederos legítimos, la herencia de Ricardo fue objeto de inmediata disputa. Su hermano Juan (el llamado sin Tierra) no tuvo dificultades para controlar Inglaterra y Normandía; su anciana madre LEONOR seguía como SEÑORA DE AQUITANIA; los barones de Anjou optaron por Arturo de Bretaña.
Todo un lío pero hay que tener en cuenta que ninguno de los señores feudales tenía conciencia de ser francés o inglés.
En julio de 1202, Juan (el inglés) obtuvo sobre sus rivales, atizados por Felipe Augusto ( el francés), un resonante triunfo en Mirabeau con prisión de Arturo (otro inglés de origen francés) incluida.
Perdidos la mayor parte de los apoyos, Poitou, Anjou, Maine y Turena (territorios hoy franceses) escaparon a la autoridad de Juan.
Felipe Augusto aprovechó la oportunidad para, en fulgurante campaña, invadir Normandía y entrar en Rouen (francés contra franceses) el 16 de abril de 1203.
En el frente Sur, la muerte de Leonor de Aquitania desató las ambiciones de Alfonso VIII de Castilla que trató de hacer efectivos los derechos al ducado de su esposa (La Aquitania o actual Iparralde de los nacionalistas vascos) también llamada Leonor y hermana de Juan Sin Tierra (inglés).
En 1205 el Imperio angevino estaba en ruinas. En los meses siguientes, Juan pudo rehacerse parcialmente: el arzobispo de Burdeos organizó la defensa contra los castellanos y el Plantagenet (inglés) lograba recuperar algunas posiciones al suroeste del Poitou: Saintonge, Angulema y Aunis (Francia actual).
A lo largo de los años siguientes, las campañas en Francia se condujeron de forma más relajada. Juan lo aprovechó, sobre todo, para acometer operaciones de castigo en la frontera escocesa, en Irlanda y en Gales.
Un nuevo enfrentamiento con el pontificado provocó una larga crisis que, desde 1213, llevará a una reanudación de las hostilidades.
Un intento de desembarco francés en Inglaterra con el beneplácito pontificio fracasó estrepitosamente. Juan volvió a la sumisión a la Santa Sede, pero el sistema de alianzas se había reavivado tan peligrosamente que la guerra generalizada se hacia inevitable.
En esta fecha los hispanocristianos obtienen la resonante victoria de Las NAVAS DE TOLOSA; y en 1213 el ejercito cruzado de Simón de Montfort derrotaba a Pedro II de Aragón aliado "malgre lui" de los señores filoalbigenses del Mediodía de Francia.
De efectos mucho más inmediatos para Felipe Augusto de Francia lo fue otro éxito militar: la batalla de BOUVINES librada el domingo 27 de julio de 1214.
Bouvines fue el desenlace del largo contencioso mantenido por la realeza Capeto con sus rivales Plantagenet y con sus entonces aliados: los condes de Flandes y Boulogne (Holanda y Bélgica actuales) y el ocupante del trono imperial Otón IV de Brunswick ( germano).
Bouvines suponía el mayor triunfo de los Capeto en el campo de batalla y ratificaba con creces la pequeña victoria que unos meses antes el heredero de la Corona, Luis, había obtenido en el Sur (escaramuza de La Roche-Aux-Moines) sobre un contingente inglés.
Bouvines tuvo otros efectos no menos resonantes.
Para la imagen de la monarquía Capeto se creó el mito de la victoria sobre una feudalidad de fidelidades cambiantes.
Bouvines (y no es poco) había supuesto también la derrota del peligro proveniente del Este, del Imperio Prusiano, por mas que Otón de Brunswick fuera a la sazón un soberano cuestionado en sus derechos por los partidarios del rey Federico de Sicilia, futuro Federico II.
A Juan Sin Tierra (el inglés) no le quedaba en el continente más que algunos restos de la vieja y amplia AQUITANIA. Los territorios del norte de Francia entraban en la órbita Capeto (el francés).
La relación de fuerzas experimentaba una trascendental inversión: desde 1213 el litoral meridional de Inglaterra se hacía vulnerable a los propósitos expansionistas de París.
Felipe Augusto era, así, algo más que el "muñidor de tierras" o el "arquitecto del Estado nacional francés". Una visión muy esquemática ha presentado la historia de Inglaterra y Francia, tras Bouvines, como la de dos países que iniciaron dos trayectorias políticas distintas.
Inglaterra se habría encaminado por la senda de un protoconstitucionalismo.
Francia se habría erigido en una especie de monarquía carismática. De hecho, la estructura de ambos países (y la de los demás del Occidente) presentaba abundantes rasgos comunes: los dos eran monarquías feudales con ciertos elementos calificables de suprafeudales.
Todo esto es una forma de comparar aquella Europa con la España coetánea que solo constaba de tres reynos : Aragón, Castilla y Navarra, que estaban aliadas en contra del moro. Al menos, entonces, los peninsulares ibamos más adelantados que el resto de los señoritos europeos. Y eso a pesar de que Andalucia seguía en manos de los moros.
El que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí merece el Premio a la Constancia.
Que vuesas mercedes me disculpen.
Javier Tellagorri
bouvines europeos no sabian











