VERANO

23 julio 2013

Falangistas conspiradores de 1941

El 14 de abril de 1937, en plena guerra, se había publicado el Decreto de Unificación de las fuerzas políticas. El objetivo era integrar a las diferentes ideologías y facciones que apoyaron la sublevación en un sistema de partido único, convirtiendo en ilegales al resto de formaciones.

Esto llevó a un grupo de falangistas descontentos, la mayoría militares que sentían traicionados sus ideales nacionalsindicalistas, a formar una Falange "Auténtica" en la clandestinidad. Se consideraban  seguidores a la vez de Manuel Hedilla Larrey, el antiguo jefe nacional de la formación que se había opuesto al Decreto y acabó siendo condenado a muerte bajo la acusación de conspirar contra Franco.

Estos seguidores de la corriente hedillista, opuestos a la dictadura franquista  (eran opuestos porque querían implantar su propia dictadura a lo Musolini) y a la Falange oficialista, fueron conocidos como los "falangistas auténticos".  Por su parte, en la intimidad, Franco era de la opinión de que los falangistas seguían comportándose como niñatos a los que les gustaban las peleas y las bravuconadas, según contaba Vicente Gil, médico personal del Caudillo durante cuarenta años: "Vicente, los falangistas, en definitiva, sois unos chulos de algarada", le decía. (Con mucha razón, por cierto).

En diciembre de 1939, usando el domicilio del general Emilio Rodríguez Tarduchy como lugar de reunión, este núcleo duro decide constituir una Junta Política que coordine sus acciones desde la clandestinidad y contra el régimen. Junto a Tarduchy, que fue su primer presidente, se encontraron en la casa figuras como el periodista Patricio González de Canales, Daniel Buhigas, Ricardo Sanz, Ventura López Coterilla, Luis de Caralt, José Antonio Pérez de Cabo, Gregorio Ortega Gil o Ramón Cazañas, este último nombrado años antes jefe de Melilla de la Falange por el mismo Primo de Rivera.

Entre las acciones propuestas por estos falangistas (muchos de los cuales acabaron encarcelados o fusilados por el régimen), las primeras que se plantearon fueron el asesinato de Serrano Suñer y el del mismísimo Franco.

Para matar al nuevo jefe de Estado se eligió la fecha del 1 de abril de 1941, durante la celebración del Día de la Victoria sobre la República. Un atentado que hubiera tenido unas consecuencias tan importantes como imprevisibles para la historia de España, más allá de la evidente espectacularidad y el simbolismo del día escogido. Lo primero que se planteó fue hacer estallar una bomba en la tribuna presidida por el Caudillo, aunque pronto la desestimaron por considerarlo un método indiscriminado más propio de los anarquistas que de los falangistas.

Entonces, se optó por la posibilidad de disparar directamente contra él, manteniendo la misma fecha, pero cambiando el lugar donde se cometería el magnicidio. La nueva ubicación sería el Teatro Español de Madrid, donde el dictador acudiría esa misma noche para ver una función.

Todo estaba avanzado, pero, en el último momento, la mayoría de los miembros de la Junta manifestaron sus dudas, llegando a la conclusión de que tanto el asesinato de Franco como el de Serrano Suñer causarían el efecto contrario al que buscaban. Esto es, en vez de acabar con la dictadura, se produciría una dura represión dirigida contra ellos de la que ya habían tenido muestras. En 1937, por ejemplo, ya había sido ejecutado Mariano Durruti, falangista convencido y hermano de Buenventura, el histórico líder anarquista. En 1942, tras un largo juicio, condenarían a muerte a Juan Domínguez, inspector nacional del SEU, la organización sindical estudiantil fundada por la Falange, condecorado por el mismo Hitler, y Juan Pérez de Cabo, uno de los miembros de aquella junta fundadora.

Ni uno solo de los miembros de la Junta votó a favor de los atentados. Esa es la razón por la que nunca quedó constancia por escrito de lo que en ellas se hablaba o decidía. Lo que conocemos ha llegado hasta nosotros por algunos testimonios orales de los que acudieron a las reuniones.


CONSPIRADORES HEDILLISTAS

8 comentarios:

  1. Interesante recordatorio el de este post, de un episodio trascendental en el nacimiento del Nuevo Régimen.
    En el año 1.937 el horno de la guerra no estaba para los bollos de las rivalidades entre falangistas y tradicionalistas que estaban causando graves problemas de indisciplina en el frente y retaguardia; Serrano Suñer, el cuñadisimo de S.E. y eminencia gris de esos años tuvo muy claro que había que hacer algo y ese algo fue la Ley de Unificación que sentó como un tiro a ambas facciones.
    El pobre Hedilla, hombre decente,de pocas luces y nula mano izquierda para negociar tuvo la osadía de enfrentarse a S.E. y no lo "afusilaron" de verdadero milagro.
    A partir de ese momento el Caudillo queda investido como Jefe Nacional del Movimiento y da los primeros pasos para la desaparición efectiva de Falange.

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    1. DON F..J.
      Exactamente así fue, tal como lo relatas. Lo que no sabía yo era que habia un grupo que urdió el ATENTADO para cargarse a Franquito y a Serrano Suñer. Y tal como eran aquellos cencerros lo hubieran intentado si alguien no los paró a tiempo.
      Los Fernández Cuesta, Girón y demás falangistones estaban encantados con Franquito por las prebendas que les daba.

      Por el lado Carlistón también había un "hedilla" : un tal FALCÓ al que el Jefe desterró de por vida a un pueblo de Extremadura.

      Por todo eso más los monárquicos, Franquito era un artista del encaje de bolillos.

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  2. La verdad, no tenía ni idea de todo esto. Sabía que había tensiones, pero no que se pensara en estos extremos.

    Es que España es España, sea cada cual del color que sea. Algo revuelto tenemos en los genes, y es por eso que el unico peligro para España son los españoles.

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    1. SEÑOR OGRO
      Es que de aquellos años (37 a 50) es muy poco lo que se ha hablado porque siempre se han dedicado a contar "los afusilamientos de "demócratas" por Franquito. Y la verdad es que dentro de su tinglado el Invicto tenía un avispero de mucho cuidado.

      La realidad de fondo es que TODOS querían mandar y el militar africanista no se anduvo en "rajoyadas".

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  3. ¡Cuando el perro muerde a su amo!.....
    Esos de la Junta se achataron a última hora y salieron con la excusa de que "no era conveniente el asesinato de Franco y podía ser contra producente". Mieditis se le llama a éso.
    Que Durruti tuviera un hermano falangista no lo sabía, pero no me extraña.

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    1. DON BWANA
      Sí, esos de la "Junta Conspiradora" se ACONGOJARON a tope conociendo el percal del bajito de El Ferrol.
      También conspiraron por aquellos años los Queipo de Llano(republicano de derechas), Quindelán (Teniente general monárquico), Sain Rodriguez (catedrádito y Fouché perpetuo) junto a Varela (teniente general carlista) y otros más, y el Invicto los quitó de en medio privándoles de todo poder.

      Lo de Durruti recuerda a los hermanos Zumalacarregui de la primera guerra carlista = el uno era el jefe de los milicos carlistones que asediaron el Bilbao liberal, y el otro el Jefe de los Liberales en las Cortes de Madrid.

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  4. apasionante información sobre estos falangistas pata negra, que no conocía tan al detalle. gracias
    saludos blogueros

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    1. DON JOSÉ ANTONIO
      Sí, efectivamente, éstos eran los "pata negra" porque no se plegaban a los militares de Franco a cambio de prebendas.

      Un cordial saludo

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