VERANO

29 junio 2013

Guardias civiles como jefes de gudaris

Sin su tricornio y sus galas, en aquellos momentos decisivos previos al asalto franquista al Cinturón de Hierro que defendía Bilbao, pocos habrían dado en adivinar el pedigrí benemérito de aquel tipo duro y cuarentón que había comandado a los aguerridos gudaris del batallón Amaiur. Hace ahora 76 años,la rendición de la capital vizcaína a los ejércitos nacionales puso sobre el tapete de la guerra todos los rostros despiadados y paradójicos de la contienda fratricida.

De un lado de la línea de fuego, como jefe del Estado Mayor de la 2º División del Ejército de Euskadi, el comandante Germán Ollero, guardia civil, veterano africanista, inclinado sobre un plano de la capital vizcaína. Al otro lado del frente, sus dos hijos militares, alistados en el otro bando.

¿Un comandante de la Guardia Civil al frente de Amaiur? Podría ser un arriesgado argumento de política-ficción o la obra maestra del espionaje. Pero fue una realidad hace más de 70 años, durante la Guerra Civil, cuando el Amaiur, un batallón de gudaris, recibía órdenes de un mando de la Benemérita, Germán Ollero Morente, llegado de Madrid para reforzar la oficialidad de las fuerzas vascas. Y como Ollero, fueron muchos los mandos de la Guardia Civil que dirigieron en el campo de batalla a miles de gudaris contra el avance de las tropas franquistas.

Esta es la historia, hasta ahora nunca contada ni reconocida, de los guardias civiles que sirvieron en el Euzko Gudarostea, el ejército vasco, a las órdenes del lehendakari José Antonio Aguirre. Sí, la misma Guardia Civil a la que algunos en Euskadi consideran como la eterna enemiga de lo vasco tuvo al mando de sus oficiales a tres cuartas partes del ejército de los auténticos gudaris (los que combatieron contra Franco en las trincheras; no los asesinos del tiro en la nuca y el coche bomba).

Lo hicieron para cumplir su juramento de lealtad a España y al régimen constituido, la misma razón por la que la Benemérita ha sido durante casi medio siglo diana del terrorismo de ETA.  El mismísimo José Antonio Aguirre, primer lehendakari de la historia y máxima autoridad militar en el territorio vasco, firmó el 4 de febrero de 1937 la orden de ascenso de estos guardias civiles por su heroico comportamiento en el Ejército de Euzkadi (con "z", según la ortografía vasca de la época) en la lucha contra las fuerzas franquistas. También Aguirre terminó designando a un miembro de la Guardia Civil como jefe de la primera Policía autónoma vasca, la entonces llamada Ertzaña. Y puso a otro benemérito como jefe de la única unidad vasca de carros blindados de la historia.

Historias heroicas, la de todos estos hombres leales, y apenas reconocida más allá de sus propias familias.

El investigador José Luis Cervero habla de estos uniformados, como de muchos otros guardias civiles leales a la República, en su brillante ensayo "Los rojos de la Guardia Civil" (La Esfera de los Libros). Pero quedaba por descubrir el verdadero papel en los frentes de batalla del País Vasco de estos hombres nacidos en otros lugares de España y forjados en los valores de la Benemérita, dispuestos a verter hasta la última gota de su sangre por defender la tierra vasca. Nunca tuvieron un homenaje. Todo lo contrario. Quienes décadas después vestían sus mismos uniformes, y hacían gala de su mismo sentido del deber y de la lealtad, terminaron en el punto de mira de los gudaris terroristas.

Hasta 206 guardias civiles han sido asesinados por ETA desde 1968, año en que comenzó la macabra cuenta con la muerte del guardia José Pardines en Villabona (Guipúzcoa).

¿Memoria histórica? Septiembre de 1936. Primeros meses de la Guerra. Varios aviones republicanos despegan de Madrid rumbo norte. Antes de alcanzar su destino, inicialmente Santander, tendrán que sobrevolar la zona nacional. Son vuelos de alto riesgo. Irún y San Sebastián ya han sido tomadas por las tropas franquistas. Asturias, Santander y el País Vasco han quedado aislados del resto de la zona republicana. Los hombres, tipos recios, de benemérito uniforme y con grandes batallas a sus espaldas, emprenden sin saberlo un camino sin retorno. En tan singular puente aéreo embarcan el extremeño García Gunilla y el toledano Sánchez Montero con sus respectivos hijos, también guardias civiles;  José Bolaño, capitán, y Carlos Tenorio Cabanillas, teniente… Todos terminan en el País Vasco.

Ya el 1 de noviembre del primer otoño de la Guerra, cinco de los nueve sectores en que se divide la defensa del territorio vasco están bajo las órdenes de estos oficiales. Todos hombres de tricornio. A ellos se suma otro guardia civil que pronto se hará célebre como uno de los mejores jefes militares de la República: el capitán Juan Ibarrola Orueta, de 36 años, natural de Llodio (Álava), destinado en el cuartel bilbaíno de La Salve, que tuvo el mando del sector de Ochandiano, con 1.917 efectivos, con los que intervino en la ofensiva sobre Villarreal de diciembre de 1936.

Hombres decididos a cumplir su juramento de honor y lealtad, aunque ello pudiera acarrearles caer prisioneros de los franquistas y ser fusilados. Oficiales de la Guardia Civil que, bastón en mano, txapela calada sobre las cejas, cazadora de cuero, cinto con pistola cruzado al pecho, dirigieron con bravura en las escarpadas laderas de los montes vascos las acometidas de los batallones de gudaris, en el enésimo intento por recuperar un pedazo de la tierra tomada por las fuerzas franquistas. Hombres de la Benemérita que vieron desfilar a sus tropas bajo el ondear de la ikurriña y que compartieron las misas de campaña oficiadas por los capellanes de gudaris antes de la batalla. Incluso en algunos casos sus propios hijos, también guardias civiles, decidieron acompañarles y correr la misma suerte.

Doble honor, doble lealtad, doble mortal. Fueron los casos del capitán Eugenio García y su hijo, el cabo Víctor García Pipaón, y del teniente Matías Sánchez y su hijo, el número Jesús Sánchez Orquín. Eugenio García, natural de Zarza de Granadilla (Cáceres), y Matías Sánchez Montero, nacido en Tembleque (Toledo), pertenecían a la Comandancia de Madrid cuando estalló el conflicto. Ambos tenían 49 años y eran, respectivamente, los jefes de los destacamentos de la Guardia Civil en el Ministerio de Gobernación y en el Palacio de Comunicaciones.

Ni cuatro meses habían transcurrido de contienda cuando, el 1 de noviembre de 1936, cinco de los nueve sectores de la defensa del territorio vasco quedaban al mando de oficiales de la Guardia Civil: el capitán Eugenio García Gunilla dirige el sector de Lequeitio, con 1.262 hombres; el capitán José Bolaño López, el de Elorrio (4.031 efectivos); el teniente Matías Sánchez Montero, el de Éibar, (1.278); el teniente Carlos Tenorio Cabanillas, el de Marquina, (1.712); y el capitán Juan Ibarrola, el de Ochandiano (1.917).

En definitiva, las tropas de gudaris, milicianos y soldados regulares bajo dirección de estos antiguos guardias civiles sumaban tres cuartas partes de las fuerzas que el Ejército de Euzkadi mantenía entonces en primera línea. Alejados de sus familias, que han dejado atrás en Madrid, los mandos de la antigua Benemérita deberán enfrentarse a la guerra en un territorio aislado del resto de la España republicana. Su deber es defender la República y, a partir de octubre de 1936, cuando es aprobado el Estatuto de Autonomía vasco, defender también al Gobierno del lehendakari Aguirre, a pesar de que éste decide disolver el 16 de noviembre la Guardia Nacional Republicana en el País Vasco para formar el nuevo Cuerpo de Orden Público de Euzkadi.
BATALLON AMAIUR

El ejemplar comportamiento de los antiguos guardias no pasará desapercibido para Aguirre. El lehendakari firmará una orden el 4 de febrero de 1937 con el ascenso de 13 mandos de la disuelta Benemérita.  Del grupo de oficiales llegados de Madrid en septiembre son recompensados entre otros los capitanes Germán Ollero y Eugenio García, ascendidos a comandantes, así como los tenientes Matías Sánchez y Carlos Tenorio, promovidos a capitanes.

Después de un periodo de calma en los frentes vascos, el general Mola desencadena a finales de marzo de 1937 su ofensiva final para dominar todo el País Vasco. La superioridad aérea enemiga, junto a la descoordinación de las fuerzas republicanas, provocan las primeras derrotas del Ejército de Euzkadi frente a las fuerzas regulares, unidades italianas y tercios de requetés vascos y navarros del general Emilio Mola. El 26 de abril, el mismo día del bombardeo de Guernica por las aviaciones alemana e italiana, el lehendakari Aguirre decreta la organización definitiva de su Ejército con cuatro divisiones y 16 brigadas, consecuencia también de la militarización de las milicias y la llamada a filas de soldados de reemplazo. En el nuevo Euzko Gudarostea, Aguirre mantiene su confianza en los mandos de la antigua Guardia Civil que han dirigido hasta el momento a una buena parte de sus tropas.

Al ya comandante Juan Ibarrola le entrega el mando de la 3ª División Vasca, con 8.000 hombres. A su vez, el lehendakari concede la jefatura de las tres primeras brigadas del nuevo Ejército de Euzkadi, con 2.400 efectivos cada una, a sendos comandantes beneméritos. A Germán Ollero le nombra jefe de la 1ª Brigada Vasca, con los batallones Amaiur y Mungia, originarios del PNV, el Eusko Indarra, de Acción Nacionalista Vasca, y el Cultura y Deporte, de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). A Eugenio García Gunilla, Aguirre le concede la jefatura de la 2ª Brigada, con los batallones Otxandiano, del PNV, el Castilla de las JSU, el San Andrés del sindicato nacionalista ELA-STV, y el CNT 2. Finalmente, a Matías Sánchez Montero, ascendido a comandante, se le nombra jefe de la 3.ª Brigada, con los batallones Padura, del PNV, Isaac Puente, de la CNT.

A comienzos de junio de 1937, antes del asalto al Cinturón de Hierro que defendía Bilbao, Germán Ollero es nombrado jefe de Estado Mayor de la 2ª División del Ejército vasco. Lo que desconocía es que dos de sus hijos se encontraban alistados entre las fuerzas franquistas preparadas para asaltar el Cinturón. El drama de la Guerra Civil, una vez más, mostraba su rostro más descarnado. Los franquistas entraron en Bilbao el 19 de junio sin disparar un solo tiro tras negociar la rendición con los batallones nacionalistas que guarnecían la ciudad.

El comandante Ibarrola protagonizó con su división la última resistencia en tierras vascas, en Sodupe, que finalmente cae el 28 de junio ante las tropas navarras. El comandante Ollero salió hacia Francia se incorporó a la zona republicana por Cataluña.  Sometido a consejo de guerra, fue expulsado de la Guardia Civil y condenado a 30 años y un día de cárcel, pena que se le conmutó por seis años, si bien salió antes en libertad provisional. Los vencedores nunca le reconocieron el ascenso que le había concedido el lehendakari Aguirre. Ollero trabajó como gerente de una fábrica de aceites y murió en 1967. Ese mismo año nacía su nieto Carlos Baró Ollero, que en 2003, con 36 años, siendo comandante de Infantería, murió junto con otros seis compañeros del CNI en una emboscada en Irak.

El frente de Cantabria queda liquidado en agosto, después de la rendición de los batallones vascos a las fuerzas italianas. La caída de Santander añade más nombres a la cuenta de mandos beneméritos que pagan con su vida haber militado en la República. El capitán José Bolaño es hecho prisionero y fusilado. Este fue el costoso tributo que pagaron por defender el régimen republicano en el País Vasco. Un capítulo poco conocido de la historia de la Benemérita que se alza como una prueba más de la trayectoria de lealtad del Cuerpo.

Los gudaris de la Benemérita serán siempre personajes inexistentes por inaceptables para el discurso jeltzale (del PNV). Y mucho más para el abertzale, los batasunos hoy representados por Amaiur, el nombre del batallón del capitán Ollero, quien todo lo dio por ser fiel a la misión que había jurado: incluso luchar contra sus propios vástagos.  Ninguna calle, ningún monumento, recuerda a estos guardias civiles en el País Vasco, pese a la fiebre de la memoria histórica de los últimos años.

Fermín Saleta

Muchos años después, JUAN IBARROLA a la izquierda

7 comentarios:

  1. De bien nacido es ser agradecido, ergo...
    Un abrazo.

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    1. DON CAPI
      Sí, sí, pero de eso no entienden los nazios y al igual que para aquel chaplin del brazo arriba sólo eran alemanes los los que eran nazis, para éstos no existen los que no son lo mismo.

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  2. Esta entrada si que es verdadera Memoria Histórica, que aprendan otros. Me temo que no les interesa.

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    1. BIENVENIDA DOÑA PASION
      Cuánto me satisface verte por aquí. Supongo que cada día estará más guapa y simpática aunque eso es muy dificil dado que eres la simpatía en persona.

      No les interesa a los nazios reconocer a gentes que no eran de su ideología y los borran para los restos.

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  3. Nunca deja de sorprenderme la historia y desde luego la de estos Guardias Civiles en el Batallón Amaiur, es muy sorprendete y favorable, para esos hombres que defendieron la legalidad en la que creían, no así la de quienes se niegan a recordarles y agradecerles todo lo que hicieron; salvo que matarles en cualquier esquina de forma coberde sea lo que los nazios entienden por agradecimiento.
    Gracias Tella, por toda la memoria historica que nos haces llegar y que es real y no la inventada por el nieto del Capitán Lozano, en su sed de revanchismo.
    Salud

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    1. DON JAIME
      Fíjate lo fantoches y mierdecillas que son esos PENEUVEROS que ni siquieran no sólo no les han puesto una calle a aquellos oficiales de la Guardia Civil que les dirigieron el Ejército y que por su culpa fueron luego fusilados o encarcelados, sino que los HAN BORRADO de la Memoria Colectiva.

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    2. Perdona, pero ni es cierto que no se les reconociese su labor, sino vean la dedicatoria de la huella del Monte Artxanda de Bilbao, ni fueron fusilados por la culpa de los nacionalistas. Cumplían con su deber, el de defender la legitimidad de la República y el del Estatuto de Autonomía, que la propia república aprobó, y que yo sepa cobraban por ello.

      También pedirles, que vasta ya de generalizar con el pueblo vasco, no todos somos Etarras ni la hemos apoyado ni la hemos defendido, y que somos los vascos quienes más la hemos sufrido, nacionalistas vascos o españoles, todos los vascos por igual.

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