03 enero 2017

Epicuro


Epicuro, mucho antes de los monoteísmos, nos avisó de la ferocidad del fanatismo. El filósofo era feliz con unas plantas y unos amigos, sintiendo la alegría de la vida, considerando la felicidad como ausencia de dolor. Mientras florecían los almendros, enseñó a sus seguidores que ningún dios dio inicio al universo y que, si existe ese dios, no se acuerda para nada de nosotros. Y ahora, tanto siglos después, en nombre de dios se degüella a los inocentes.

Séneca, Quevedo y Marx consideraban la cabeza de Epicuro como la más poderosa de la antigüedad. De él surgió la idea de que temer a la muerte es signo de ignorancia.
Y, sobre todo, sugirió que es necio matar en nombre de los dioses y pedirles lo que un hombre puede conseguir por sí mismo.
"¿Por qué (se preguntaba) debo temer a la muerte? Si existo, no estoy muerto y si estoy muerto, no existo. ¿Por qué he de temer lo que no existe si yo existo?".

No sólo despreció el fanatismo, sino la otra semilla de las matanzas, el nacionalismo, antes de que existiera. Afirmó que la patria de un hombre razonable es el mundo. "Un solo hombre es para mí como todo un pueblo y todo un pueblo es para mí como un solo hombre".


6 comentarios:

  1. Por eso es considerado como un hombre sabio.
    Otro gallo cantaría si estos personajes de talento fueran considerados como lo son algunos bellacos a quienes el papanatismo encumbra.

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    1. DON TRECCE.
      Totalmente de acuerdo con el contenido de tu comentario.
      Vivimos bajo la filosofía de chuchimuchis que unicamente entienden de Tesorerías. Porque el fondo de todos los fanatismos y otros ismos tiene una caja de recaudación.

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  2. De ahí viene el concepto de "vivir epicúreamente", y que no es sinónimo de hedonísticamente.

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    1. DOÑA CASILDA.
      Cierto lo que comentas. El concepto de vivir epicuaremante es un modo de vida ascético e inteligente.

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  3. Ya me gustan los principios de este griego sabio. Muchos siglos después los rescatarían los ilustrados.

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    1. DON PIERRE.
      Me satisface que te gusten los principios epicúreos.

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