Juana Felisa Isabel culturizándose

01 diciembre 2016

España según opinión de Historiador acreditado

Fernando García Cortazar, Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Deusto, contesta :
¿Cuál es el origen del pueblo vasco?
No lo sé, ni tengo especial interés en investigarlo. Más que el origen, me preocupa el presente y el futuro no del pueblo vasco, que no existe, sino de la sociedad o los ciudadanos vascos.
El concepto de pueblo tiene connotaciones raciales o tribales que encajan mal con una sociedad mestiza, muy mezclada y plural, fruto de la modernización industrial y de distintas corrientes migratorias de los siglos XIX, XX Y XXI.
La pretendida existencia del "pueblo vasco" y su singularidad es la base del discurso nacionalista.

A lo largo de nuestra Historia, ¿de qué modo contribuyeron los vascos a la configuración de España?

Nada hay en la historia del País Vasco que permita pensar en una entidad independiente de la España que desde los años de dominación romana empezaba a gestarse. Por otro lado hasta la aprobación del Estatuto de Guernica en 1979 no se podría hablar con rigor del País Vasco, entendiendo éste como organización político-administrativa unitaria correspondiente a Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, territorios bien distintos entre sí con sus peculiaridades jurídicas bien diferenciadas.

Los vascos, llamados así a partir del siglo XIX, participaron con los demás peninsulares en la formación de España. Colaboraron decididamente en la Reconquista y, en la hora histórica de las Navas de Tolosa, la vanguardia de las tropas del Reino de Castilla estuvo mandada por Diego López de Haro, señor de Vizcaya. Vizcaínos y guipuzcoanos fueron los mejores soldados y marinos de los reyes castellanos.

Gracias a ellos, el rey Fernando III pudo conquistar Sevilla. Alféreces vascos dirigen la conquista de Baeza, Úbeda, y Córdoba y ayudan eficazmente a Alfonso XI en la batalla del Salado.
La conquista de Algeciras y Gibraltar también contó con protagonismo vizcaíno y guipuzcoano, redoblado en las guerras civiles de la casa de Trastámara y en las actividades comerciales con las que Castilla se proyecta en Europa.

San Sebastián, Guetaria, Fuenterrabía, Zarauz, Bermeo y, desde 1300, Bilbao vieron salir la lana de la Meseta y el hierro vizcaíno camino de Flandes e Inglaterra.

Cuando en 1390, cinco años después de la batalla de Aljubarrota, el rey de Castilla, Juan I vuelve a manifestar su deseo de reinar en Portugal , aunque fuera a costa de renunciar a parte de Castilla pero no al Señorío de Vizcaya, los vizcaínos le manifestaron su rechazo a ser desgajados de la corona castellana.

Lo sabemos por el alavés Canciller Lope de Ayala que también alabó la fidelidad y pericia de los marineros vizcaínos y guipuzcoanos que en 1393 le informaban a su rey Juan I del descubrimiento de las Islas Canarias y le animaban a conquistarlas.

La participación vasca en la España moderna fue colosal. El reconocimiento oficial de su condición de hidalgos permitió a guipuzcoanos y vizcaínos copar los puestos de la administración de la monarquía, disputándoselos a los judeoconversos, buenos burócratas como ellos, de los que se libraron mediante la aplicación de los españolísimos estatutos de limpieza de sangre.

Sin exageración se ha podido afirmar que durante los siglos XVI, XVII y XVIII, España y el Imperio estuvieron gobernados por vascos. Y en efecto, el número de vascongados encaramados en la administración estatal es apabullante, copando en algunas épocas la mayor parte de los altos cargos.
Ya en 1525, de doce secretarios del Consejo de Estado cinco eran guipuzcoanos. Los apellidos Idiáquez, Zuazola, Galarza, Ibarra, Amezqueta, Mancisidor, Ipiñarrieta, Gastelu, entre otros, salpican la nómina de quienes fueron secretarios de los diversos reyes.

No faltaron tampoco vascos en las principales empresas españolas de la época. Bien conocida es su decidida participación en la conquista y colonización de América y Filipinas y su protagonismo en las aventuras descubridoras. Juan Sebastián Elcano, Pedro Ursáa, Lope de Aguirre, Francisco Argarañaz Murguía, Miguel de Legazpi, Urdaneta… son sólo algunos de los vascos que participaron en lo más característico de la política imperial de la Monarquía española.

La proyección espiritual de España en el mundo lleva el nombre de un guipuzcoano, Ignacio de Loyola, que había guerreado al servicio de la Corona de Castilla mientras que la Ilustración aportó muchos nombres ilustres : Samaniego, Peñaflorida, Cadalso, de vascongados a la cultura del XVIII español.

Hasta hace poco más de cien años no se produjo la escisión conceptual entre lo vasco y lo español. No aparece en la mayor parte del siglo XIX, pese a la especial virulencia que en el territorio vasco tuvieron las guerras civiles desatadas por los carlistas, que nunca cuestionaron la españolidad de la causa que defendían.
Habría de ser la acción política del inventor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, la que provocaría con el tiempo, la ruptura en la concepción de un País Vasco armónicamente integrado en España. Nadie antes de él había formulado la idea de la independencia política del País Vasco.
A pesar de su reivindicación independentista, Arana tendría que reconocer que la historia no ayudaba en nada a su proyecto de secesión, como tampoco lo ayudaban sus coetáneos miembros de la gran burguesía vizcaína, empeñados en reforzar la idea unitaria y el sentimiento de España, manifestado en carne viva en el latido de los vascos de la generación del 98.

¿En qué momento podemos hablar de España como Nación?

La formación de España como Nación está ligada a la primera experiencia liberal, la de las Cortes de Cádiz que intenta liquidar el pasado feudal.
El moderno concepto de nación es el que desarrollan los hombres del XIX para reivindicar sus derechos y libertades individuales frente al absolutismo y las desigualdades de la sociedad anterior.
La palabra España tiene pues esas connotaciones de modernidad y progreso que la Iglesia y la nobleza, en un comienzo, combatieron. ¡Abajo la nación, viva la religión! Fue su grito inicial.

Paradójicamente se dio crédito a la versión franquista de la historia, negando o enterrando la España liberal.
¿Por qué se identifica España más con Franco que con la II República?
¿Por qué se identifica España con la leyenda negra y no con su tradición erasmista, ilustrada o liberal?

El problema, en el fondo, es cultural. De no haber navegado por la historia ni haber leído suficiente. Tal vez si las generaciones de la democracia hubieran aprendido a leer la palabra España en el pesimismo de la generación del 98, el horizonte europeísta de los intelectuales del 14 o el verso desgarrado de los poetas del 27, y la hubieran visto escrita con naturalidad, el dolor, la tristeza o el compromiso político con que la escribieron entonces, hoy estarían vacunados contra ese prejuicio de obviarla en las conversaciones.
Porque la España real ya no sería para ellos esa España siniestra y canalla que hoy se inventan los nacionalistas sino la honda y viva de la gran literatura.

El nacionalismo catalán está ganando la batalla mediante una descomunal manipulación. Cataluña es la tierra de la modernidad, de la libertad, de la apertura a Europa, del diálogo. España (que es otra cosa) es la Castilla harapienta y antigua, cejijunta y clerical, reaccionaria y fascista, abusona de los territorios con verdadera identidad.

¿Qué opina de la reciente polémica suscitada en relación a los símbolos franquistas que el Gobierno pretende eliminar o al menos sustituir? ¿No le parece un debate innecesario treinta años después de la muerte de Franco?

Objetivo central de la política franquista fue mantener la división de España en dos Españas: la España de los vencedores y la España de los vencidos, la España auténtica, nacida de las cenizas del 39, y la anti España de la República, "poblada por los verdaderos criminales comunes de nuestra guerra".

Efectivamente, políticos de izquierda y periferia, ensalzando la actitud de los vencidos de ayer para hacerse mejores que los demás han convertido la guerra civil en una absurda ceremonia de canonización, en una película de malos –simpatizantes de la derecha, centralistas y terratenientes sin escrúpulos, es decir fascistas- y buenos –partidarios de la izquierda, separatistas y campesinos hambrientos, es decir, demócratas-.

Se quiera reconocer o no, la óptica es la misma que la empleada por los propagandistas de la dictadura, pero al revés, como si estuviéramos dentro del espejo que Lewis Carroll inventó para Alicia.

La manipulación se repite y, bajo la luz fotográfica de los nuevos tiempos, se olvida interesadamente que a la ruina de la República contribuyeron también la ceguera sectaria de la izquierda y la incompetencia de una gran parte de sus líderes; que en el bando republicano no todos eran, ni mucho menos, demócratas o defensores de la libertad; que el odio reventó tanto en el Badajoz de los militares rebeldes como en la Barcelona de Companys, esa Barcelona de las patrullas armadas de la que tuvo que huir Orwell para salir de España con vida y de la que años más tarde diría:
"Nadie que haya vivido en Barcelona entonces o en los meses posteriores podrá olvidar la agobiante atmósfera creada por el miedo, la sospecha, el odio, la censura periodística, las cárceles abarrotadas, las enormes colas para conseguir alimentos y las patrullas de hombres armados".

¿Cómo albergar esperanzas sobre un futuro más o menos abrigado y razonable si no dejamos de hurgar en las llagas del pasado con la intención de hacerlas supurar todavía más, si seguimos lanzándonos los nombres y las vidas de nuestros mártires a la cara, si siguiendo el ejemplo de los antiguos combatientes carlistas, perdedores de todas las guerras civiles del XIX, damos hervor y actividad a los odios del 36, con la fosa del padre de éste, el fusilamiento de la madre del otro, los balazos que enseña con orgullo el abuelo del más allá?



12 comentarios:

  1. Estupendas aclaraciones históricas de quien es conocedor profundo de la Historia. Me han gustado las necesarias y oportunas aclaraciones que realiza sobre "pueblo vasco" y sobre la diversidad institucional de cada una de nuestras provincias vascas.
    Un chapeau al Cortázar y otro al bloguero.

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    1. DON ARMANDO.
      Es ciertamente uno de los más brillantes y rigurosos historiadores que actualmente existen y además es jesuita con la pecualiaridad de que es uno de los muy pocos jesuitas no nazios. Llevaban la bandera de la neutralidad dos destacados jesuitas : el penalista BERISTAIN (ya fallecido) y éste, y ambos eran los DOS únicos eclesiásticos que circulaban con ESCOLTA.

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  2. Suscribo cuanto coemnta Armando y me entusiasma su declaración (que hasta el Quijote lo cita) de que no habido rey en la España de los Austrias que no haya tenido primeros prohombres vascos junto a cada rey.

    Esta entrevista es una auténtica lección magistral de Historia que tumba toda y cada una de las memezes de los sabinianos.

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    1. DON VILLAR.
      Sí, en estos tiempos es una lección magistral decir la verdad en Historia y repetir lo que ya venían diciendo sobre el tema los vascos Unamuno y Baroja.

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  3. Qué GRAN VERDAD la del siguiente párrafo :
    " El problema, en el fondo, es cultural. De no haber navegado por la historia ni haber leído suficiente. Tal vez si las generaciones de la democracia hubieran aprendido a leer la palabra España en el pesimismo de la generación del 98, el horizonte europeísta de los intelectuales del 14 o el verso desgarrado de los poetas del 27, y la hubieran visto escrita con naturalidad, el dolor, la tristeza o el compromiso político con que la escribieron entonces, hoy estarían vacunados contra ese prejuicio de obviarla en las conversaciones.

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    1. DON ZUBIMENDI.
      Tienes mucha razón porque siempre los FANATISMOS irracionales se basan en la existencia de una población iletrada que jamás lee nada y menos Historia de España.

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  4. Apasionante repaso histórico. Gracias Sr. Profesor. Necesitamos más Cortázares en este país... a todas horas.

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    1. DON JUAN CARLOS.
      Sin duda y tal como comentas necesitamos más CORTAZARES en el país. Y además que se les oiga más en todas partes.

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  5. Enorme la entrevista. Un texto que tantos y tantos deberian leer antes de abrir la bocaza.

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    1. SEÑOR OGRO.
      Te confieso que el MEJOR PREMIO para este proletario bloguero es que tú califiques de buena una entrada.
      Gracias.

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  6. Claro y certero, como suele ser García de Cortázar.

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    1. DON TRECCE.
      Si, el Cortazar habla y escribe con claridad y sin eufeismos. Y conforme a lo que dices : ESCUETO y CERTERO.

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