Juana Felisa Isabel culturizándose

02 octubre 2015

Putiferio de país con la Isabelona

Leopoldo O`DONELL
El reinado de Isabel II fue un continuo sobresalto: un putiferio de dinero sucio y ruido de sables. Un disparate llevado a medias entre una reina casi analfabeta, caprichosa y aficionada a los sementales de palacio, unos generales ambiciosos y levantiscos, y unos políticos corruptos que, aunque a menudo se odiaban entre sí, generales incluidos, podían ponerse de acuerdo durante opíparas comidas en Lhardy para repartirse el negocio.

Entre bomberos, decían, no vamos a pisarnos la manguera.
Eso fue lo que más o menos ocurrió con un invento que aquellos pájaros se montaron, tras mucha ida y venida, pronunciamientos militares y revolucioncitas parciales (ninguna de verdad, con guillotina o Ekaterinburgo para los golfos, como Dios manda), dos espadones llamados Narváez y O'Donnell, con el acuerdo de un tercero llamado Espartero, para inventarse dos partidos, liberal y moderado, que se fueran alternando en el poder; y así todos disfrutaron, por turnos, más a gusto que un arbusto.

Llegaba uno, despedía a los funcionarios que había puesto el otro  y ponía a sus parientes, amigos y compadres. Al siguiente turno llegaba el otro, despedía a los de antes y volvían los suyos. Etcétera. Así, tan ricamente, con vaselina, aquella pandilla de sinvergüenzas se fue repartiendo España durante cierto tiempo, incluidos jefes de gobierno sobornados por banqueros extranjeros, y farsas electorales con votos comprados y garrotazo al que no.
De vez en cuando, los que no mojaban suficiente, e incluso gente honrada, que  siempre hubo, cantaban espadas o bastos con revueltas, pronunciamientos y cosas así, que se zanjaban con represión, destierros al norte de África, Canarias o Filipinas, cuerdas de presos y otros bonitos sucesos (todo eso lo contaron muy bien Galdós, en sus Episodios Nacionales, y Valle Inclán, en su serie El ruedo ibérico; así que si los leen me ahorran entrar en detalles).

Mientras tanto, con aquello de que Europa iba hacia el progreso y España, pintoresco apéndice de esa Europa, no podía quedarse atrás, lo cierto es que la economía en general, por lo menos la de quienes mandaban y trincaban, fue muy a mejor por esos años.
La oligarquía catalana se forró el riñón de oro con la industria textil; y en cuanto a sublevaciones e incidentes, cuando había agitación social en Barcelona la bombardeaban un poco y hasta luego, Lucas, para gran alivio de la alta burguesía local (en ese momento, ser español era buen negocio), que todavía no tenía cuentas en Andorra y Liechtenstein y, claro, se ponía nerviosa con los sudorosos obreros (Espartero disparó sobre la ciudad 1.000 bombas; pero Prim, que era catalán, 5.000).


Por su parte, los vascos (entonces se llamaba aquello Provincias Vascongadas), salvo los conatos carlistas, estaban tranquilos; y como aún no deliraba el imbécil de Sabino Arana con su murga de vascos buenos y españoles malvados, y la industrialización, sobre todo metalúrgica, daba trabajo y riqueza, a nadie se le ocurría hablar de independencia ni pegarles tiros en la nuca a españolistas, guardias civiles y demás txakurras.
Quiero decir, resumiendo, que la burguesía y la oligarquía vasca y catalana, igual que las de Murcia o de Cuenca, estaban integradas en la parte rentable de aquella España que, aunque renqueante, iba hacia la modernidad.

Surgían ferrocarriles, minas y bancos, la clase alta terrateniente, financiera y especuladora cortaba el bacalao, la burguesía creciente daba el punto a las clases medias, y por debajo de todo las masas obreras y campesinas analfabetas, explotadas y manipuladas por los patronos y los caciques locales, iban quedándose fuera de toda aquella desigual fiesta nacional, descolgadas del futuro, entregando para guerras coloniales a los hijos que necesitaban para arar el campo o llevar un pobre sueldo a casa.

Eso generaba una intensa mala leche que, frenada por la represión policial y los jueces corruptos, era aprovechada por los políticos para hacer demagogia y jugar sus cochinas cartas sin importarles que se acumularan asuntos no resueltos, injusticias y negros nubarrones.

Arturo P. Reverte


8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. DON TRECCE.
      Sí, Reverte hace una síntesis realista y amena.

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    2. Seguimos igual, se supone que con dos partidos diferenciados, que en el fondo son lo mismo y algún díscolo para disimular.
      Lo del putiferio mejorando, o sea que bastante mas que en aquellos tiempos y lo de los ladrones mas democratizado, ya que los hay por todos los rincones.
      Ahora además aderezado el guiso con los nazionalistos para dar la murga.

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    3. DON JAIME.
      Tienes razón . SEGUIMOS IGUAL.
      Si entonces se turnaban ahora también para repartirse, como entonces, los puestos públicos.
      Y tal como comentas el putiferio de negocietes ha aumentado y mejorado, e incluso AMPLIADO a más esferas que los aristócratas y los espadones.

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  2. En este país, antes, ahora y mañana se valora el "gentucismo"...mientras el canal con más audiencia TL5....

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    1. DON JUAN CARLOS.
      A mi entender seguimos ahora y hace dos siglos con la mentalidad de campesinos (ahora muy tecnificados con ordenata y movil) semi-analfabetos y el rencor de siglos por haber sido la mayoría siervos o criados de unos pocos poderosos.
      Y esos poderosos, al 90% de la aristocracia, eran igualmente semi-analfabetos y con espíritu de trapicheros gitanos de Triana.
      Y la clave de que el país fuera así la tuvo el CLERO. No les interesaba dejar de mangonear y lo hacian a través de marqueses o duques sin criterio propio ajeno al de enriquecerse cada vez más.

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    2. Y aún ahora quieren mangonear.... los obispos catalanes les meten hasta monjas en las listas a los de la independencia..... y hacen repicar campanas. Es que no aprendemos.

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    3. DON CSC.
      Claro, los clérigos jamás se resignan a no organizar ellos el modo de vivir de la gente, pero dado que aquí viene mucho comentarista muy religioso, es por lo que nunca me meto en esos jardines. para no ofender a los muy creyentes.

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