Juana Felisa Isabel culturizándose

03 agosto 2015

Policias con pistola eléctrica

Son las 18.00 de la tarde. Quique y Domingo, dos agentes de la policía local de Algeciras, terminan su turno de vigilancia en la playa. Alertados por un olor a hachís, se giran y ven bajo una sombrilla a un hombre fumando junto a una pareja y una niña pequeña. Los agentes le ordenan que se levante.
El hombre, Raúl, va hacia la orilla y tira el porro que guardaba escondido bajo la palma de la mano. Domingo le pide la documentación, a lo que Raúl se niega y responde con agresividad: "Soy legionario. No me puedes hacer nada", les dice.

En ese momento, varios amigos de Raúl, acuden en su ayuda, increpan y agreden a los policías tirándoles una sombrilla. Mientras, el legionario agarra a Domingo del polo blanco, amenazándole de muerte.
Entonces empieza una pelea en la que pasó casi de todo. Después de recibir un puñetazo, Quique reduce y esposa sobre la arena a uno de los agresores, que consigue escapar con los grilletes puestos cuando el agente tiene que acudir a ayudar a su compañero al que le están propinando una paliza entre varios chicos.
Aquí aparece de nuevo Raúl, que coge del cuello a Quique, le tira al suelo y empieza a golpearle sobre la arena rompiéndole las gafas de sol graduadas, dejándole múltiples cortes en la cara. El agente consigue zafarse y desenfunda su pistola Taser. Los chicos se amedrentan ante el arma. Todos menos el legionario, que se acerca a la orilla, y coge una piedra con intención de lanzársela.

Al verle Quique le dispara una primera descarga. Raúl cae al suelo, pero al hacer amago de levantarse, el agente dispara de nuevo y su compañero consigue detenerle. La pelea acabó con tres detenidos. Raúl y otro hombre están en libertad, y el tercero entró en prisión porque tenía una orden de busca y captura por el juez.
"Todos los que estaban participando en la piñata de pegarnos tenían antecedentes por narcotráfico y agresiones", nos explica Quique, que lleva 28 años en el cuerpo y es instructor de Taser.
Viaja por toda Andalucía enseñando a sus compañeros a usar la pistola eléctrica. "Si no hubiese sido por el Taser, no sé cómo hubiésemos reaccionado. Nos tenían rodeados y nos estaban dando una paliza. La pistola nos salvó a nosotros y también a ellos, porque si saco la de fuego…", cuenta el agente, que está de baja con hematomas y contusiones por todo el cuerpo.

En Algeciras recibieron dos pistolas Taser en 2011. Y en España ya hay en circulación 850 unidades. La empresa catalana, Andreu Soler i Associats, es la importadora oficial del arma en nuestro país. Cada unidad cuesta 1.900 euros, más del triple que una pistola reglamentaria.
"En Cataluña y la Comunidad Valenciana es donde hay más demanda debido a la problemática de seguridad ciudadana agravada por el turismo de borrachera y el consumo de drogas. Y ahora en verano tenemos muchos más encargos", dice Andreu Soler, que abrió la empresa en 1992, pero empezaron a distribuir en exclusiva el Taser en el 2004.
"Nosotros estamos especializados en armamento no letal. Nuestra idea es ofrecer alternativas al uso del arma de fuego". "Alcanza una distancia de 7,6 metros. Se disparan los dos electrodos con forma de dardo, que se clavan en el objetivo mientras el cable conductor los mantiene conectados a la pistola y se produce la descarga de los pulsos eléctricos. La descarga continúa hasta un máximo de cinco segundos, momento en que se para automáticamente", explica.

Sólo la pueden utilizar agentes de policía, aunque por internet encontramos otros modelos de armas eléctricas por 80 euros. Estos generan un ruido eléctrico de alta corriente —80 miliamperios— que puede llegar a quemar terminales nerviosos.

En Sant Andreu de Llavaneres (Barcelona) ya han realizado 50 intervenciones con la pistola eléctrica. "Un chaval esquizofrénico estaba en una habitación encerrado con un cuchillo. Entramos con el Taser y le redujimos sin ningún tipo de lesión. En otra ocasión, un hombre muy corpulento estaba pegando a su mujer, y la única forma de separarle fue con una descarga".

Consultamos a varios médicos para ver si éste arma es realmente peligrosa para la persona que recibe la descarga. Todos coinciden en que existen factores de riesgo potencial que pueden ser desconocidos por parte de la policía en el momento de su utilización, y que pueden poner en peligro la vida de la persona, aunque si está sana el sistema está diseñado para esa parálisis muscular.
El debate seguirá presente a la espera de si esta pistola eléctrica salva vidas o acaba con ellas.



(/Lucasdelacal)




12 comentarios:

  1. A ver si esos policías que matan negros en USA empiezan a usar este tipo de arma y les quitan las pistolas de fuego o balas.
    Y esa pistola terminará siendo de uso por mujeres amenazadas.

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    1. DOÑA NEREA.
      Sí, estoy de acuerdo. A esos polis mata-megros de los Estados profundos de Usa les vendía bien que les sustituyeran sus armas por estas eléctricas.
      Es posible que cuando se vendan abiertamente muchas mujeres las adquieran.

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  2. En mi humilde opinión. Lo mejor hubiera sido haber usado el arma de fuego real, pues gentuza como esa sobra en este país ( o en cualquiera ). Lo que pasa es que pobres policías al topar con un "juez" de este país. Les hubiera dado por donde te dije....sin embargo ya veis, al inductor de toda la "tangana", en libertad....y tan campante. Me quiero mudar de país!!!!!. Un abrazo.

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    1. DON JUAN CARLOS.
      Resulya increíble que a unos policías que los apalean unos quinquis drogatas les esté prohibido usar su arma reglamentaria. Y que para colmo suelten al jefe de la pandilla.
      Te apoyo en la teoría de que más hubiera valido que los polis hubieran disparado con bala.

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  3. No estoy muy seguro de que se generalice el uso de estas armas, don Javier, aunque sería muy interesante. El problema, bajo mi punto de vista, radica en que al ser armas no-mortales, arrear una descarga al vecino resultaría casi gratuito, y si eres policía, al igual que sucede con las armas reglamentarias, tan sólo desenfundando se abre un expediente administrativo.
    En USA, la policía es sagrada. Aquí, en cambio, lo son los delincuentes.

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    1. DON HEREP.
      Sí, estás en lo cierto : los pobres policías tendrán que justificarlo cada vez que la usen y ante un juez. Los delincuentes además pedirán daños y perjuicios.
      Hay un dato curioso que he leído sobre esto : En Noruega casi no emplean sus armas de fuego. El resultado es que allí la Policía lleva desde 2006 sin matar a nadie. Un enorme contraste si lo comparamos con los datos de Estados Unidos, donde solo en lo que va de 2015 han muerto a manos de la Policía más de 600 personas.

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  4. Estamos llegando a una situación, en la que los pòlicías cuando les agreda esta chusma, tendrán que pedir permiso para repelar la agresión.

    ¡ HAY SEÑOR, SEÑOR!

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    1. DON MAMUNA.
      Tal como comentas cuando un policía al que apalean los delincuentes quiera detenerlo, tendrá primero que pedir permiso a un ropón.
      Exactamente lo contrario de lo que sucede en Francia, Alemania y Gran Bretaña.

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  5. No me gustaría recibir una de esas descargas eléctricas, aunque sea por error. Y mucho menos que se vendan libremente en el mercado. Un disparo de ésos, a un fulano que tenga el corazón regulín, producirá el mismo efecto que una bala del 45.

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    1. DON BWANA.
      Ese es el problema único de la pistolita : que puede cargarse a los que tienen el corazón tocado. Claro que los mangarranes que atacan a la policía o atracan una joyería lo que tienen "tocado" es el casco cerebral y no lo cardiaco.
      Como vuacé y yo no acostumbramos a ninguna de esas acciones, no hay problem. Hakuna matata.

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  6. El problema es que existe la opinión generalizada de que los policías locales apenas pueden hacer nada salvo poner multas, y luego pasa lo que pasa.

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    1. DON ULTIMO.
      En efecto los policias locales, en la mayoría de las poblaciones, se limitan a regular el tráfico y a poner multas a los automoviles estacionados.
      Lo que demuestra que los que mandan no se fian de sus munipas y porque saben que á la mayoría los han elegido ellos por razones de afinidad política y no por sus capacidades y culturización.

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