VERANO

15 febrero 2013

El faraónico Alejandro Borgia

Hoy toca hablar de las curiosidades que producen a algunos, entre ellos al suscribiente, los acaeceres de la familia BORJA, de Valencia, luego convertidos en Borgias.

De todos ellos, incluído el santo Francisco Borja, el más interesante es Alejandro VI (llamado Rodrigo Borja), segundo Papa de la familia, que heredó el papado de su tío Calixto III o Alfonso Borja  ( nacido en La Torreta el 31 de diciembre de 1378), otro enredador de cuidado en los tiempos en que había dos Papados en el Mundo (el de Roma con Martín V, y el de Peñíscola con el aragonés Pedro de Luna o Benedicto XIII).
Y, además, Calixto III excomulgó al Cometa Halley en 1456. Y nació el rezo de "El Angelus" al mediodia.

Lo que el flamante Alejandro VI le había pedido a Pinturicchio, nada más acceder al trono de Pedro en 1492, fue que decorara sus aparta­mentos privados con unas extrañas escenas inspiradas en la mi­tología egipcia.
Aquel encargo debió de extrañarle, y no poco, al bueno de Pin­turicchio. De no haber sido por la insistencia del nuevo papa y de su fiel maestre del Santo Palacio, Bernardino di Betto (ése era el verdadero nombre del artista) jamás se le hubiera ocu­rrido llevar a buen término un programa pictórico tan... arries­gado.

Isis, reina de Egipto, enseñando las ciencias y las leyes a Moisés y Hermes Trismegisto. Un poco más allá, en otro requiebro del techo, la gran diosa egipcia reuniendo los miem­bros despedazados de su esposo y hermano Osiris. Y a su lado, el féretro del difunto dios, una pirámide cubierta con un manto afiligranado, custodiado por un buey Apis al que Isis escolta du­rante una suntuosa procesión.

Tan pagana imaginería es aún visible en los Museos Vatica­nos de Roma. Quien entre en la llamada Habitación de los San­tos del Papa Alejandro descubrirá en sus techos un universo que sólo se entiende si se estudia con detalle la época de aquel Borgia que llegó a sumo pontífice casi al tiempo que Cristóbal Colón zarpaba hacia América.

Alejandro VI estaba convencido de que su familia descendía del mismísimo Osiris. Su creencia, alimentada cuando aún era cardenal por un fraile domi­nico llamado Giovanni Annio de Viterbo, pronto se transformóen certeza gracias a las astutas maniobras de quien la Historia ter­minaría bautizando como "el príncipe de los falsarios".
Annio de Viterbo, el entonces orgulloso nuevo maestre del Santo Palacio, persuadió al papa de que no era casual que en su escudo de armas figurase un toro, y que el toro (o el buey) fuera una de las representaciones clásicas de Osiris. Un dios que, según él, estuvo en Italia para enseñar a sus antiguos pobladores las ar­tes de pesca y la agricultura.
Creíbles o no, todas esas cábalas forzaron a Annio Viterbo a inven­tar nuevas pruebas con las que sostener sus cada vez más exóticas afirmaciones. Desenterró piezas arqueológicas, frisos, estelas y columnas con inscripciones jeroglíficas que él mismo había falsi­ficado y sepultado con anterioridad. Y hacía grandes alharacas ante el papa con cada nuevo "hallazgo".

Pero ni siquiera los rumores de fraude persuadieron a Ale­jandro VI. Para el santo padre, su maestre de palacio era un sa­bio. Y, por supuesto, nadie en la corte se atrevió a criticado en presencia del papa.

Quizá ayudó el hecho de que durante sus once años de pontificado Alejandro VI demostrara ser el Papa  más atípico, singular y herético de la historia de Roma.

Más allá de su agita­da vida sentimental y de las correrías de sus hijos César y Lu­crecia, Alejandro fue el único pontífice que estuvo a punto de reconducir el destino de la Iglesia hacia aguas pseudoegipcias.
Della Mirandola, junto a De Viterbo, impulsaron como na­die la "faraonización" del papado. Nació así el hermetismo.

Frances Yates, una de las mayores expertas mundiales en hermetismo, al estudiar el periodo de Alejandro VI, cuando la popularidad del Corpus Hermeticum estaba en su apogeo, con­cluyó que "el papa deseaba proclamar abiertamente su rechazo a la política de su predecesor y hacer suyos los puntos de vista de Pico della Mirandola acerca del uso de la magia y de la cábala como ayudas complementarias a la religión".

La idea no es tan rara como pueda parecer. A fin de cuentas, a ojos de aquel sabio renacentista, los sistemas de magia egipcia (o hermética) y cabalística, pretendían unir el cielo y la Tierra. Una filosofia que Pico creyó también muy "cristiana".

El gusto por lo antiguo, por la sabiduría perdida de los antepasa­dos, enseguida se convirtió en una de las marcas fundamentales de ese periodo histórico.

Sixto V, coronado papa en 1585 y lla­mado "el último pontífice del Renacimiento", también se em­peñó en dominar ese saber y diseñó un programa de obras pú­blicas que tuvo como uno de sus objetivos fundamentales el rescate de obeliscos egipcios. Él no quería impregnarse de lo egipcio, sino dominarlo. Y fue así como se consagró a buscar, limpiar e izar algunos de los 42 obeliscos que desde tiempos de Augusto habían sido exportados a la Roma imperial.

Sin ir más lejos, fue este pontífice quien ordenó restaurar y situar en el centro de la plaza de San Pedro una de esas agujas de piedra, de 27 metros de altura, que los romanos sustrajeron de la ciudad sagrada de Heliópolis durante el dominio de Calígula.

Poco antes, aquella pieza estuvo semiolvidada y cubierta de ba­sura en un extremo de la misma plaza. Se da, además, la curiosa paradoja de que Sixto hizo aquello sólo para demostrar la supre­macía del cristianismo sobre los cultos paganos, y por ello deci­dió plantar una cruz sobre el obelisco, lo exorcizó y borró de sus cuatro caras los impúdicos jeroglíficos que mostraba.

Son famosos los hijos de Alejandro VI, César y Lucrecia, pero esa es otra historia.

Tellabeltz


10 comentarios:

  1. Es fascinante la figua histórica de este Borja valenciano. Y conlleva esa aura que todo valenciano tiende a ser : ruídoso y exuberante.

    Gran perfil del personaje.

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    1. DON VILLAR
      Estos Borgias son en todo EXCESIVOS, pero brillantes y fuera de lo común.

      Gracias

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  2. apasionantes los Borgia, muy mediterráneos, muy paellas ellos sí, con un poco de todo en sus vidas agitadísimas. Gracias por la ajustada semblanza, no conocía todos los detalles q aportas.
    saludos blogueros

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    1. DON JOSÉ ANTONIO
      Efectivamente, son muy "mediterraneos", muy, como bien los calificas, PAELLAS con todos los ingredientes. Por eso resultan tan interesantes. Está claro que dejaron unaq profunda huella histórica en Europa.

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  3. Como ya te comenté, conozco a parte de sus descendientes, buena gente pero muy peculiares y extravagantes. Ya sabes que mi personaje favorito es Cesar, el "hermano malo" y según creo no muy bien tratado por la Historia.

    Paellas, las mejores, con caracoles, madre que hambreeee!!

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    1. DOÑA CANDELA
      No recuerdo que me contases que conoces a los descendientes de los BORJA. Debe de ser muy, pero que muy interesante hablar con ellos si son personas con conocimientos de su historia familiar.
      En mi opinión Cesar ha sido mejor tratado que Lucrecia, ya que la mala y puta siempre aparece ella y en la realidad creo que fue simple víctima de las políticas de cada momento de su señor padre.
      A Cesar hay que situarlo en el contexto de sus contemporáneos e iguales de clase y ninguno era mejor que él en maldad. Lo que sí demostró es ser un gran calculador y estratega militar.
      Por otra parte siempre se le presenta con los crímenes o asesinatos que ordenaba ejecutar, y que venia a ser una réplica de las acciones de sus enemigos. Los Orsini,los Medici, los Sforzas.
      La acusación más grave que consta en la Historia contra él es la del asesinato de su hermano mayor JUAN, Duque de Gandia.

      Respecto a la PAELLA no tengo la menor duda de que las mejores son las ALICANTINAS. Recuerdo que una vez en Valencia me dijeron que fuera al mejor restaurante de paellas, EL BARRACHINA, y me sirvieron un arroz cuartelero.

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    2. Sí, lo que pasa es que no lo recordarás porque hace tiempo. Ví un incunable con su arbol genealógico, por cierto, un día de viento, en el borde de una piscina, con eso te lo digo todo jajaja!!

      Las paellas de Valencia no valen na de na...con perdón de los valencianos pero hasta ellos lo reconocen.

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    3. DOÑA CANDELA
      Claro, al citar el borde la piscina y un día de viento es cuando he caído. Ese día se había terminado hasta el Tabasco de la casa.

      En Altea, en el mismo puerto, hay un restaurant, muy bien de aspecto y de ubicación,en donde según el día dan unos arroces estupendos y variados. También guardo un buen recuerdo de el Restaurant "El As de Oros" de Gandia, que creo cerraron. Los del puerto de Calpe no me convencen con sus grandes fuentes de marisco.......descongelado. Hay tantos sitios buenos en esa costa para comer bien arroz.

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