Paisaje relajante

17 febrero 2015

Aquellos "misterios" del Edificio España

Queda menos de un año para que se inaugure el que será el rascacielos más alto de Europa con sus 25 plantas y 103 metros de altura. Hace cuatro años que la plaza de España es testigo de las obras del que está destinado a convertirse en uno los edificios más carismáticos de Madrid. Una faraónica obra que, sin embargo, lleva tiempo lastrada por un misterioso suceso.

Solo las figuras impasibles de bronce de don Quijote y Sancho Panza saben dónde han ido a parar las herramientas y el material que se emplean para vestir la fachada del Edificio España. El responsable de la empresa, encargada de hacer realidad los planos del arquitecto Julián Otamendi, decide poner una denuncia en la Comisaría Centro, en la calle Leganitos.

Tras las pertinentes pesquisas, los agentes descubren, ante la estupefación del empresario, que tenía al ladrón en casa.
Los autores de los sucesivos robos resultan ser dos empleados de su propia compañía. Se trataba del director general de la obra, Hipólito Jiménez Lacosta, y el delineante Santiago Rey García, de 26 años.
Jiménez y Rey decidieron enriquecerse con el negocio de la construcción. Idearon una trama para lograr remodelar otras fachadas a coste cero. Y para ello tenían que sustraer de poco en poco todo el material necesario del Edificio España para llevar a cabo las demás obras por su cuenta.

Un robo casi perfecto El negocio era redondo para ambos: un particular les contrataba para remozar un edificio privado; y los obreros, sacos de yeso, ladrillos, alcotanas, cubos italianos, picos, palas, andamios y demás materiales los ponía el Edificio España. El delineante hacía el pedido y el jefe firmaba la autorización.

Así reformaron un bloque del edificio General Pardiñas, 64. Finca en la que, casualmente, vivía la novia del joven delineante: Entre otros muchos.

(M. R. Domingo)


NOTA
Recuerdo a los lectores que en esas fechas quien decidía cómo tenía que ser el IVA o la composición de la sopa de ajo era el Invicto, por lo que vaya vuestra merced a averiguar qué fué de esos dos vivales.
Unos pocos años antes hubieran sido fusilados al amanecer. Como debe de ser.


8 comentarios:

  1. Que vivos los tios, pero ahora, aficionadillos de 3 al cuarto al compararse con los Ali Babas de turno. Lo que mola son las recalificaciones a dedazo, previo maletin mediante, con el ok del Partido, que a su vez controla a la policia, a jueces y a buena parte de la prensa.

    Que duda cabe se ha avanzado muchisimo en el negocio de engañar y robar al ciudadano, y que duda cabe, hemos retrocido en el terreno de castigar debidamente a tanto hijo de la gran puta.

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    1. SEÑOR OGRO
      Como comentas, en aquellos años ese desfalquillo de robar unos ladrillos y unos sacos de cemento era un escándolo. Pobrecillos. Los de ahora se llevarían y se llevan todo el Edificio España a su pueblo para desmenuzarlo y construir viviendas, con la ayuda de ministros, consejales y señores de los sindicatos.

      A esos dos pardillos habría que enseñarles a comprar unos maletines en donde meter el unte. Y como dices, ya no se roba llevándose los ladrillos sino RECALIFICANDO TERRENOS públicos destinados a parques.

      Lo que hemos avanzado los apañoles en el Arte de las Ingenierias varias.

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  2. Esos dos debieron de ser los primeros precursores de los albañiles montados en "Mercedes" y "BMV" que luego han proliferado como hongos.

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    1. DOÑA NEREA
      No creo que fueran los primeros pero sí de los primeros a los que pillaron en el "negosi" del ladrillo.

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  3. Ese responsable de la empresa, que mencionas puso la denuncia, era Ramón Beamonte, ingeniero de caminos madrileño que en los años cincuenta se había convertido en importante constructor y empresario. Gran aficionado a las carreras de caballos, era uno de los principales propietarios en el hipódromo de la Zarzuela, con una cuadra de más de veinte purasangres. Poseía también una conocida bodega en el Puerto de Santa María.
    Imagino que cuando en la comisaría de Leganitos se enteraran de quién era aquel tipo, que se codeaba con la flor y nata del establishment en el hipódromo y que tuvo a su cargo la construcción de edificios tan emblemáticos como el Ministerio del Aire o el antiguo estadio del Benfica de Lisboa, apretarían el culo y se pondrían las pilas.

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    1. DON TRECCE
      Menuda información aportas. Cinco estrellas Michelín para tí.
      Seguro que los comisarios que recibieron la denuncia perdieron el culo en consultar a los altos jerifaltes gubernamentales sobre qué hacer en el caso.

      Lástima que no sepamos en qué terminó la trayectoria de este mozo aficionado a los caballos y a la pasta ajena.

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