24 julio 2018

SANTIAGO


¿Quién era Santiago? En realidad se llamaba Jacob (nombre hebreo que en cristiano equivale a Jacobo o a Santiago).

Era hijo de Zebedeo y Salomé y hermano mayor del también apóstol Juan (el presunto evangelista). Jesús llamaba a los dos hermanos boanergues (hijos del trueno). Santiago era pescador cuando se encoló en la troupe de Jesús. Fue uno de los que presenció la Transfiguración en el monte Tabor

Ya en su vejez, la Virgen vio mundo y viajó lo que no había viajado en su vida (por eso es patrona especial del Imserso) ya que los apóstoles, debido a sus predicaciones, se hallaban dispersos por todo el Mediterráneo.
A Santiago se le apareció en Caesarau­gusta (Zaragoza) encima del fuste de una columna o pilar (origen de la Virgen del Pilar).
Objetan los hipercríticos que lo de Santiago en España son leyendas sin base histórica porque Santiago nunca pudo venir a Es­paña, dado que Herodes Antipas lo ejecutó en Jerusalén en el año 44.

Si tuvieran sólo un poquito de fe reconocerían que a menudo los designios de Dios alteran la percepción temporal de los hombres y que, desde esa razonable perspectiva, es lícito pensar que Dios comprimiera el tiempo de Santiago de manera que pudiera realizar ese apostolado entre las gentes de Iberia antes de su martirio y muer­te.

Según la leyenda, los discípulos de Santiago respetaron su de­seo de ser enterrado en España, de la que tan buenos recuerdos guardaba, y llevaron su cadáver por el mismo itinerario seguido en vida hasta las costas de Galicia en una embarcación de piedra que desafiaba por igual la ley de la gravedad y las tempestades.
Contra todo pronóstico, la barca de piedra cruzó el Mediterráneo, pasó el estrecho de Gibraltar, bordeó las costas del moderno Portugal y fue a encallar en su destino, Iria Flavia, municipio de Padrón.
Alrededor del año 813, reinando Alfonso II el Casto, un ermi­taño llamado Pelagio observó unas luces misteriosas en el monte Libredón y se lo comunicó al obispo Teodomiro, de Iria Flavia.
El obispo cavó en el lugar de las luces (no personalmente, cla­ro, sino por medio de peones) y apareció una tumba con un cadá­ver decapitado que sostenía la cabeza debajo del brazo.
¿Quién po­día ser? Sumemos una luz milagrosa a un esqueleto con la cabeza entre el cúbito y el coxis. ¡Santiago apóstol, naturalmente!

Volaron cartas al Papa (León IlI) y la noticia se divulgó urbi et orbi.

Alfonso II el Casto, un hombre pío y temeroso de Dios, como su propio nombre indica (a su esposa, presuntamente molesta por la escasa actividad marital, la silencian los textos), construyó una iglesia para guardar la supuesta tumba de Santiago.
El camino de peregrinación a la tumba del apóstol, el tercer objetivo de los peregrinos medievales, después de Roma y Jerusa­lén, ayudó a cristianizar ciertos ritos ancestrales relacionados con la peregrinación a la morada de los muertos en el fin del Mundo (Finis Terrae).Useáse, ya era lugar de peregrinación desde tiempos remotos y por paganos, pero ahora se cristianiza algo que antes sólo era costumbre pagana

El 23 de Mayo del año 844 las huestes cristianas de León y Castilla se enfrentaron con los moros en el que se denominaría Campo de la Matanza, no lejos de Clavijo (en La Rioja).
En el momento más apurado de la batalla, cuando las huestes cristianas desmayaban frente a la morisma vociferante y fiera, en el momento culminante en el que la suerte de los reinos cristianos estaba casi perdida, el apóstol Santiago descendió del Cielo, majestuoso, cabalgando su caballo blanco, espada en mano, a bandera desplegada, y arreme­tiendo contra los moros los segó como la cosechadora siega las mie­ses, que por donde pasa va dejando la tierra en rastrojos.
Fue como la aparición del séptimo de caballería, el trompeta tocando paso de carga y degüello (pa paraba pa pa pa pa para ba papa) en el momento en que los indios son tan numerosos y desconsiderados que el destacamento sitiado está a punto de sucumbir.

En agradecimiento por la ayuda del apóstol, el rey Ramiro I prometió solemnemente que, en adelante, y a perpetuidad, ofrece­ría a la Iglesia de Santiago las primicias de los trigos y las vides de sus dominios y al apóstol Santiago le correspondería una parte del botín tomado a los moros.
A esa promesa se llamó el voto de San­tiago.
"Una de las mayores estafas de nuestra historia", llaman los historiadores hipercríticos al voto de Santiago.
Desmontemos esa calumnia.
Es cierto, y no hay inconveniente en reconocerlo, que, como todo lo demás relativo a la Iglesia (sus predicaciones, sus promesas y sus dogmas), el voto de Santiago falta a la verdad. Es cierto, en puridad, que la batalla de Clavijo es enteramente imaginaria y, por lo tanto, el apóstol Santiago nunca descendió del Cielo a matar moros por más que nos sea tan familiar esa estampa suya a caballo descabezando sarracenos.
Sí. Todo esto es cierto. Pero no es menos cierto que el famoso voto se derogó y ya no está vigente. Por lo tanto no guarda relación alguna, como esos maliciosos desinformados creen, con los millo­nes de euros con los que la Hacienda pública española sufraga año tras año el sostenimiento del clero y de la Iglesia, tanto si los con­tribuyentes marcan la casilla correspondiente en la declaración de la renta como si no lo hacen.

¿Que ello vulnera la Constitución?
¿Acaso no tiene preferencia la Biblia sobre la Constitución? ¿Vamos a supeditar un texto dictado por Dios, ¡nada menos!, al producto de la evacuación mental de media docena de supuestos "padres de la patria" puestos a organizar una democracia convivencial como si no tuviéramos ya a los obis­pos para pastorearnos?
Natural.

Tellagorri

10 comentarios:

  1. No creo que actualmente los curas sigan contandos esas fantasías medievales a los jovencitos, ni otras bíblicas como la de la caída de panes en el Sinaí (el Maná) desde el cielo cuando las huestes de Moisés sufrian hambre en su peregrinación.

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    1. DON MARTIN
      Porque ahora hasta los chavalitos de Primaria analizan a fondo lo que se les cuenta y son muy críticos.

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  2. Santiago, su leyenda y, no digamos, el camino que lleva su nombre, trasciende lo puramente religioso, mal que les pese a quienes abominan de estas cosas y es un símbolo de europeísmo, por un lado (una ruta que, junto con la de Roma, atrae a fieles y a quienes no lo son, atravesando el continente en varios sentidos, todos convergentes en Galicia, desde hace siglos y que ha servido como intercambio entre culturas) y, por otro, en un símbolo de espiritualidad no solo religiosa, sino humanística.

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    1. DON TRECCE
      Las historias que los sotanados se inventaron en la Alta Edad Media llegaron a calar en las gentes sencillas. Y la prueba está en que muchas de esas historietas, como la del Camino de Santiago, terminaron siendo le mejor vía al intercambio cultural de las gentes. Sabemos que el GÓTICO nos llegó a través de ese Camino, así como los mejores conocimientos sobre escultura y Química.
      Me dejado pasmao el número de peregrinos que hoy en día siguen haciendo el Camino. Muchos días los veo pasar delante de mi casa a las 7 u ocho de la mañana, tras dormir en un albergue, porque mi calle está en la ruta del Camino Francés.

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  3. Tampoco encaja que la Virgen viajara a Zaragoza por los años 800 sobre una columna o pilar, porque en esa época toda la zona de Zaragoza era territorio del Califa.

    Sospecho que en casi todas las religiones tienen relatos fantásticos de todo tipo para justificar algunas creencias y más en en los años medievales.

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    1. DON IÑIGO
      Hasta no hace mucho el gentío necesitaba mucha milagrería y cuanto más pobres eran más chupaban de leyendas que se inventaban o explicaban los curas.

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  4. Desde miles de años antes de C. los propios Tartesos del sur de Iberia peregrinaban al Finis Terrae (Galicia) y lo mismo sucedía con los celtas de los bosques de Europa.
    Más tarde ese CAMINO hacia Galicia se convirtió en una escuela de cultura pues los peregrinos fueron llevando sus ideas arquitectónicas y geométricas hasta conseguir suplantar el románico por el estilo górico en casi toda Europa.

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    1. DON LUIS MARY
      El que mejor ha explicado eso es un libro titulado LA ESPAÑA MÁGICA y cuyo autor era un joven Dragó.

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  5. Lo del obispo Teodomiro unicamente fue una treta para borrar la adoración de las gentes por el PRISCILIANISMO, secta cristiana implantada en Galicia y que perjudicaba a los principios de los cardenales de Roma.

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    1. DON PEDRO.
      Sí, según cuentan los historiadores serios parece que en Galicia tuvo mucho éxito la secta que fundó el obispo Prisciliano y aportaba numerosas peregrinaciones hacia su tumba. Lo que sirvió al obispo Teodomiro para inventarse que aquella tumba no era de Prisciliano sino del apostol Santiago.

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Si algún comentarista o lector del bloc lee algo de un tal METAL, hágase a la idea de que es un esquizofrénico analfabeto con vocabulario limitado a CUATRO PALABRAS INSULTANTES.
Por tanto, ni caso.