VERANO

MITOMANIACOS


La mitomanía es un trastorno del comportamiento. La persona que lo padece es adicta a mentir. El psicólogo Juan Moisés de la Serna, que ha tratado a varias personas con este problema, considera que "el mitómano busca con sus engaños la aceptación de los demás. Compensar sus bajos niveles de autoestima".
"El mitómano no tiene un plan, no va buscando nada a medio o largo plazo más que la admiración inmediata. La clave para detectarles es descifrar la intencionalidad de sus bulos", explica de la Serna. Aún no se ha determinado con exactitud el origen de la enfermedad.

Es cierto que existen condicionantes en la niñez que pueden facilitar su aparición, especialmente la baja autoestima.

¿Existe cura?
El primer paso es convencer al paciente de que tiene un problema psicológico y que necesita someterse a terapia. "Al igual que sucede con cualquier adicción, si la persona no quiere curarse, sucederá como con el tabaco, que lo dejas durante un tiempo, y luego recaes".

La terapia más utilizada para este tipo de pacientes es la cognitivo-conductual.
El psicólogo nos cuenta cómo funciona. "Se utiliza para trabajar el aspecto de la autoestima, reforzándola y enseñando a la persona a valorarse tal y como es. Busca reducir el número de veces que se miente al día".
Así le sucedió al ciudadano estadounidense Ferdinand Demara, conocido popularmente como El gran impostor, cuando se descubrió en la década de los 50 que durante años había suplantado la personalidad de varias personas, haciéndose pasar por monje, soldado, marinero, doctor en psicología, doctor en zoología y sheriff. Un currículum interminable e impoluto para alguien que ni siquiera tenía el graduado escolar.
En los casos más graves, al mitómano le acaba sucediendo lo que a Don Quijote. Se cree sus mentiras, inventa un mundo alternativo donde es el héroe.


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